Preámbulo

A mediados del siglo 20 Puerto Rico comenzaba a modernizarse.  La capital, San Juan, se transformaba y se poblaba de gente del interior del país, muchos de los cuales seguían viaje rumbo a los “niuyores”. En los pueblos, eminentemente agrícolas, se establecían las primeras industrias manufactureras y proliferaban las reparticiones de parcelas. Ese fue el caso de Salinas, habitado mayormente por una masa proletaria semiempleada como cortadores de caña. En sus apiñados poblados o en los cuarteles centralistas se vivía la realidad retratada genialmente por Abelardo Diaz Alfaro en sus cuentos, especialmente Bagazo. Ese municipio sureño, con una larga tradición de lucha obrera, en el que llegó a ganar el Partido Socialista amogollado con los republicanos, fue tierra fértil donde floreció el mensaje del Partido Popular.  La explotación de miles de trabajadores de la Central Cañera de Aguirre había cuajado esa tradición de luchas sindicales desde los años de 1920, pero a pesar de ello, el grueso de sus habitantes estaba sumido en la pobreza.  Las vivencias relatadas por  Edelmiro Rodríguez, el autor en este texto, plasman una parte, ya en su etapa final, de las condiciones sociales en una comunidad cañera, donde la mayoría de la gente era condenada a vivir de casi nada.

SRS

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