HechizosNo ha pasado una generación de salinenses que no haya vivido el miedo, el pavor, el horror, el terror y sentido los estertores que infunde el tema de las leyendas cuentos, historias y experiencias vividas en Salinas, por personas serias de la comunidad con muertos, aparecidos, fantasmas y con peligrosos lugares específicos donde se sabe que se han producido y producen, aún de tiempo en tiempo, encuentros de dimensión desconocida y donde tradicionalmente hacen ‘’aguaje”.

Un ejemplo clásico es la Leyenda del “Jacho Centeno”, un pescador noctámbulo de la Playa de Salinas, quien optó por quemarcruz una cruz de madera en medio del mar para así poder alumbrarse y seguir pescando. Por tal herejía se ahogó y quedó eternamente condenado a vagar por el litoral marítimo de Salinas, en búsqueda continua de las cenizas de la reliquia cristiana.

A través de los años son incontables los testimonios de marineros, pescadores, bañistas y viajantes, que dan fe de haber visto en el litoral marítimo de los barrios Playa, Playita y Arenal al “Jacho Centeno” en actitud de búsqueda y al momento de ir acercándose, desaparecer como por encanto. Esta es una de las leyendas favoritas que los maestros de grados primarios de las escuelas públicas de Salinas acostumbran a enseñar, sin referencia alguna a un programa docente en particular.

En múltiples ocasiones ha habido grupos de personas que han preparado expediciones, interesados en comprobar la veracidad de este elusivo ente. Hay quienes han logrado retratarlo, pero al revelar los rollos de películas o tratar de ver la imagen, se percatan de que la imagen misteriosamente desaparece, quedando en blanco todo de forma inexplicable.

Otro evento digno de recordar es el notorio grupo de personas extrañas, que de vez en cuando aparecen y desaparecen como de la nada en el pueblo. Se desplazan por el pueblo intentando secuestrar niños para suplir sangre a una Reina del Mal que sólo se alimenta con sangre de niños. Personalmente sufrí el embate de uno de esos misteriosos personajes, cuando apenas contaba cinco años.

Ese día me encontraba en la acera de la esquina Monserrate con calle Muñoz Rivera en frente de lo que era la Farmacia San Carlos, donde hoy radica una floristería. Del negocio de helados de Pifo Miranda, que estaba en la esquina contraria, sitio donde hoy ubica una pequeña cafetería, salió un señor que antes se había bajado de un carro color verde. Primero me llamó haciendo señas de que fuera hacia él y lo hizo con tono muy imperativo. Como no obedecí, cruzó la calle en dirección hacia mí. Yo salí corriendo hacia mi casa, que estaba a sólo pasos en la misma acera. Entonces, en estado de pánico llamé a mi madre y le hice señal hacia el hombre que venía en camino persiguiéndome. Mi madre se le puso de frente con entera tranquilidad, con tono firme, sin titubeos ni regodeos como era su costumbre y con talante agresivo le gritó como quien reprende lo malo:

mujer —Mire, hijoelagranputa ¿qué es lo que usted quiere? —

El señor quedó turbado como si hubiera recibido una descarga eléctrica y al instante se detuvo y dio marcha atrás y cuando se montaba en el auto, mi madre, a viva voz, ante todo el mundo que se había percatado de lo que estaba ocurriendo, volvió a increparlo diciéndole de forma airada :

—¡Permita Dios que el diablo se lo lleve emburujao en candela! —

Así desapareció y los que estaban allí comentaron que no lo conocían, ni lo habían visto antes, inclusive Don Pifo y Don Tomás el Barbero. Al otro día, un transeúnte se acercó a mi madre para comentarle que el carro de la persona con la que tuvo el altercado, cuando se dirigía al barrio Playa, misteriosamente chocó con la máquina del tren y se incendió. El auto se quemó completo, pero no encontraron rastros de la persona que lo manejaba y que nadie apareció para reclamar el auto. Mi madre le aclaró:

“No tienen que buscar nada. Yo sabía que se lo iba a llevar quien lo trajo: el diablo.”

Siempre he tenido a mi madre como un ser espiritual super desarrollado y sobre este tema de los misterios sabía muchísimo, pero eso es tema futuro.

Otro misterio es el de La Preñá. Ese fue un tema por décadas en el Corral de Ortiz. No sé cómo lo logró, pero mi tatarabuelo Francisco Ortiz desarrolló un árbol de higüera en forma de caballo. Lo hizo para dejarlo como herencia a sus descendientes y en efecto por muchos años jugamos todos a trillar a caballo, hasta el día en que La Preñá lo empezó a usar de noche como su corcel.

Los que vivían en el corral, Pancho Piloto, Mingo el Cabro, los Cabros de Mingo y otros, juraba y perjuraban que veían a una mujer hombruna, blanca, bajita sentada de noche en el lomo del caballo virtual. Tanto fue el terror que sembró La Preñá, que en toda la manzana se corrió el rumor y entonces la vieron en diferentes lugares. Los que la vieron la describen como una mujer hombruna, pero preñá.

No obstante, el caso más extraño y misterioso es el caso de la Manzana de la Logia Masónica Esfuerzo Núm. 82. En la esquina diagonal contraria a la Logia,Hechizos2 existía un solar que se usaba para levantar allí los circos que venían a Salinas. Mi madre me llevó a ver el circo en el 1944. De esa noche recuerdo los payasos y los maromeros, uno de los cuales se cayó de cabeza y nunca supe cuál fue su suerte.

En esa esquina fabricó una casa un señor que se llamó Paco Rodríguez. Este fungía como gerente de la Tienda La Jagua, un emporio comercial tipo Home Depot de aquella época, propiedad de los sobrinos de Don Manuel González Martínez, el hombre más rico de Puerto Rico en esa época.

Don Paco mandó a construir el edificio donde ubicaba la Joyería Ruiz, calle Muñoz Rivera, esquina con la calle San Miguel. El mismo día que se inauguró el edificio, luego de la ceremonia, se fue a su casa y en el cuarto mayor se pegó un tiro, pero lo salvaron milagrosamente. Quedó en estado vegetal por más de veinticinco años en el mismo cuarto donde intentó suicidarse. Con el correr del tiempo un médico hijo de Salinas, compró la casa y estableció su consultorio profesional y cual fue la sorpresa del pueblo cuando al poco tiempo, el doctor se suicidó despues de entrar en contacto con el cuarto donde anteriormente intentó sin éxito suicidarse Don Paco.

En la propiedad contigua a la de Don Paco, calle Palmer, con la esquina calle Sol, en la misma acera que llega hasta la Logia Masónica, vivía el licenciado Carlos M. Dávila. Este tenía un hijo al que llamaban Carlitos. Una noche en que se celebraba una actividad, salió en un auto con unos amigos y se vio envuelto en un horrible accidente en el que murió prácticamente despedazado.

La próxima residencia en dirección a la logia está separada de la propiedad del licenciado Carlos M. Dávila por un pequeño solar por el que nunca nadie se ha interesado, ni se sabe de quién es, ni si es objeto de reclamación. Ese solar es un misterio. Le sigue entonces la residencia de don Tocayo Ortiz. Este era esposo de Doña Filomena Modesto y se suicidó mediante un disparo a la cabeza, poco tiempo después del misterioso deceso de su hijo, el licenciado Pedro Federico Ortiz, un farmacéutico muy querido de Salinas. Era un apreciado amigo a quien le decíamos el Primo, padre del distinguido doctor Ortiz Lara quien ejerce como médico en Salinas.

Los solares al norte de la propiedad de Don Paco Rodríguez, localizados ambos en la calle Monserrate, tenían senda casas, las cuales ya aparecían desocupadas antes del atentado suicida de Don Paco. Nunca más han estado habitadas. Nadie se atrevió vivir en ellas. Hace poco se demolió la más próxima a la casa de Don Paco para hacer un local de estacionamiento y la otra está cerrada hace más de cincuenta años. Como si esto fuera poco, hace unos años asesinaron de forma abusiva al licenciado Guillermo J, Godreau, quien residió en la esquina de la calle Palmer con la calle Sol que es la misma calle de la Logia Masónica.

Éstos son datos objetivos que describen unas realidades que pueden tomarse como casualidades. Sin embargo, podemos teorizar, a la luz de otros eventos colaterales en el área, que existe también un halo de misterio que da qué pensar sobre todo este fantasmagórico escenario.

Un evento colateral es el de la muerte de Cachito Lozada. Las hermanas Palmira y Estela Márquez fueron unas destacadas educadoras de Salinas. Ellas vivían en la calle de Cayey (hoy Luis Muñoz Rivera) en un edificio que se conocía por el nombre de un negocio que allí existió en los años treinta y sesenta. Ese negocio se llamaba El Escambrón. Era un negocio de caché. Tenía unos reservados en los que las parejas entraban y cerraban las cortinas y sólo el mozo iba cuando se le pedían bebidas o comidas. En ese lugar huvo luego una tienda de telas.

El caso es que las hermanas Márquez criaron a los hijos de Elisa Carsen y ToñoCachito Lozada Kalsen2 Lozada. Uno era Cachito y el otro es Olaf.  Cachito era un muchacho fuertísimo, alto y musculoso. De la noche a la mañana desarrolló una enfermedad incurable. Su agonía fue el sufrimiento de todo el pueblo, dado que las hermanas Márquez gozaban de una estimación y afecto que no tiene paralelo e la historia de Salinas. Tan fue así, que las autoridades ordenaron el cierre del tránsito de la calle principal del pueblo durante todo el periodo de su enfermedad. Murió en esa casa que ubica en los altos del Escambrón.

Nadie ha podido vivir en esa casa desde hace más de cincuenta años. Se trata del cierre de propiedades que pueden ser usadas, pero misteriosamente quedan clausuradas para siempre. En este caso, de forma excepcional y por un cortísimo periodo de tiempo, El Club de Leones de Salinas se aventuró a usarla como casa Club y para qué contar las vicisitudes de todos sus miembros, quienes ajenos a la historia osaron usarla y tuvieron que dejarla por no saber el porqué de su malura y toda clase de desconciertos.

Otro sitio maléfico es la Casa Alcaldía de Salinas. Isabel Rivera Pérez quien trabajó por muchos años como tesorera del municipio, precisamente en el segundo piso de la Alcaldía, lugar donde ocurrió un suicidio, por consejos míos, adoptó la posición de defensa fanasmade mantener todo el tiempo un velón de Santa Bárbara prendido. Igual régimen adoptó Bebé Amadeo. Ella tenía un altar en su oficina con varios velones prendidos. Sólo así ambas sobrevivieron el impacto de lo que inexplicablemente allí ocurre a diario.

Ahora mismo me enteré del caso de Doña Doris Rodríguez. Ella me relata que recién ha visto salir de las oficinas gente con chifles diabólicos. Hay gente que cuando hablan lucen dientes de oro y descomunales colmillos afilados. Dice haber visto gente que estornuda un fuego color brilloso. No son pocos los que se han partido las patas en las escaleras, empujados por alguien que no se ve.

Personalmente, tengo mucho cuidado en tratar de no ir a la Alcaldía, a menos que sea absolutamente necesario. Debemos mencionar que la Alcaldía fue una cárcel en la parte de abajo y varios presos se ahorcaron en el lugar. Así los encontró don Leo el alcaide de la cárcel. Todavía recurrentemente hay quien alega haberlos visto colgando en las paredes y al gritar, desaparecen como por arte de magia.

Otro caso insólito es el de Domingo Porrata, un buen amigo a quienes todos conocíamos por Chuchin. Domingo estudió conmigo desde primer grado y hasta que terminamos la escuela. Un buen día desapareció y tardó treinta años antes de regresar a Salinas. Se casó con una muchacha de La Jagua y allí montó un pequeño negocio de bebidas y venta de empanadillas con toques mejicanos.

Me contó Domingo que se había ido a vivir para Texas y en la frontera con Méjico aprendió con mejicanos magia negra, magia blanca, hechicería amorosa y toda clase de suertes diabólicas. El negocio de Chuchin y él como tal, se hicieron muy famosos en Puerto Rico. Las empanadillas que preparaba su esposa eran riquísimas. El por su parte, tenía la costumbre de hacer toda clase de suertes y magias ante los atónitos ojos de sus clientes. Yo vi una botella llenarse de pesetas ante mis incrédulos ojos. Era algo verdaderamente asombroso. Un día se me ocurrió sugerirle que me enseñara algo y me dijo:

—“Tú eres mi amigo, no te metas en esto. Yo tengo un pacto con el Diablo y por esos es que todo esto es posible”. —

Yo no le creí y más bien pensé que era una broma de las img_54881_diablo3que siempre me hacía. Deje de visitar el negocio ante la advertencia de mi amigo. A los pocos años a Chuchin le cortaron una pierna después le cortaron la otra como consecuencia de una condición de salud que padecía. Pero entonces comenzó la habladuría de la misma gente a quienes Chuchin le contaba de sus conocimientos de magia.

Gente de Las Mareas me alegaron que lo vieron correr desnudo por la pista de aviones que allí existía botando fuego por la boca. Algo imposible porque le faltaban las dos piernas. Algunos alegan que incumplió una parte del pacto que hizo con el Diablo y por eso se le fue cobrando canto a canto.

Lo más dramático ocurrió una noche en la Guaguita de Julín Jiménez. Un joven que trabajaba limpiando los aviones que se utilizaban para fumigar las plantaciones me alegó en la barra algo insólito.  Me dijo que trabajaba limpiando el taller de los aviones pero que pronto iba a ser piloto porque Chuchin le estaba enseñando a pilotar. Pensé que estaba borracho o fuera de sus cabales, porque mencionó a Chuchín que ya se encontraba muy enfermo.

Una noche vino a la Guaguita y alegó que Chuchin le había dado la orden de despegar y él para coger valor venía a tomarse unos cuantos tragos antes de ejecutar su primer vuelo. Todo el mundo lo tomo por embustero, bromista, borrachín y farsante. Lo cierto es que se fue al taller y prendió un avión y logró echarlo a volar.

Días después cuenta que cuando ya estaba en el aire quien iba a su lado era Chuchin desnudo quien con dientes afilados de oro resoplaba fuego por la boca, le daba instrucciones y le decía subiera, subiera y subiera. Él, del espanto, loco y sin ideas se estrelló en una pieza de caña y afortunadamente el diablo no se lo llevó. Este accidente fue reseñado por toda la prensa de Puerto Rico e investigado por las autoridades federales.

Ceiba Son muchos los misterios que rodean el área de Salinas y muchos los sitios de peligro. Basta mencionar que este 31 de octubre  está prohibido requedarse en la Ceiba del Arenal, pasar rápido por la Olla del Cenizo, lugar cercano al sector Chupacharcos, frente al Campamento, o visitar el Rompeolas del Arenal, la Playa de Cantasapo o Punta Arenas por la casa de Don Rejo. Todos estos lugares están rodeados de misterios, allí hacen aguajes y estos han sido escenarios de las más sorprendentes tragedias. En la otra vida se sabrá lo que hoy enmarca la Dimensión Desconocida de Salinas de los Misterios.

©Dante A. Rodríguez Sosa