Hace muchísimos lustros, le compré como regalo de los Reyes, una preciosa motora a mi hijo Dantito. La usó por varios meses. Un día se me apareció Dantito en compañía de Robertito y su padre Santos. Para mi asombro y sorpresa, Dantito me comunicó que había decidido venderle la motora a Robertito, quien le había manifestado su ilusión por tener una motora como aquella, pero que no la habían podido conseguir en ningún sitio. Ha sido uno de los actos de desprendimiento que más he valorado para apreciar la calidad de ser humano que revela y acredita a mi hijo.

Dantito me había trabajado el cerebro por largo tiempo para que yo accediera a su pedido y ahora, de la manera más sencilla, se desprendía de su apreciadísimo presente.

Dialogué con Santos sobre el asunto, pues me preocupaba, ya que conocía de las excepcionales habilidades que como jugador ya demostraba Robertito. Les hice las advertencias de rigor a Robertito y a Santos y le eché la bendición. Cuando se fueron, le pregunté a Dantito qué quería hacer con el dinero de la venta. Entonces me contestó que nada, que lo cogiera para mí. “¿Y pa’ qué vendiste?”  “Fue que Robertito me dijo que la quería, de una forma que no podía decirle que no.” Dejé el asunto ahí.

Con el correr de los años y darse la meteórica y brillante carrera de Robertito, volví a confrontar a Dantito con el asunto, y entonces me dijo: “Yo presentí y atisbé que Robertito iba llegar muy lejos como ESTRELLA en el Beisbol y me pareció que complacer su ilusión era algo que me hacía verme bien ante mí mismo.” Dantito está en estos momentos de vacaciones en Estados Unidos. Cuando regrese le voy a preguntar de nuevo por este episodio de su vida. Anticipo su contestación.  “Papi, yo le “regalé” su primera motora a Robertito, HALL OF FAME MEMBER IN COOPERSTOWN. A las Estrellas hay que complacerlas y respetarlas en todo momento.”

Dante A. Rodríguez Sosa