Esta mañana, revisando papeles en mis archivos, encontré uno muy viejo con la “Rima LXVI” del libro Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Reflexioné por un momento sobre el trance que debió experimentar el poeta al recordar su pasado fatigoso y su idea de la materialidad del alma. Con frío sentido, enmarca su futuro con gran realismo y prevé que, tras su muerte, inexorablemente con el tiempo, nadie lo recordará. Si estamos tenebrosamente condenados al olvido, ¿por qué tanta preocupación por lo que piensen otros y por las apariencias?; ¿por qué esa insaciable sed de cosas materiales?;  ¿Por qué llenarnos de tanta ansiedad?  Hace muchas, muchas lunas me liberé de esa carrera que fomenta y propicia nuestra sociedad; que como decía “Ferranto”: “es una trampa para los incautos.”

Hoy debemos comprender que este viaje tiene complicaciones que tenemos que confrontar con hidalguía y valentía. Desarrollar e incrementar nuestro nivel de energía física, emocional y mental es esencial, para realizar los cambios y ajustes que requieren los estilos que se nos quieren imponer. La queja es recurrente: “no me quieren como soy. Sólo me querría si fuera de la forma que quiere que sea, pero entonces no sería quien soy.” No podemos rendirnos a las pretensiones. Si estamos condenados al olvido, entonces sólo hay cabida para pasarla bien. Afirmo que es mejor vivir una vida espiritual rica, sencilla y alegre, llena de amor y de afectos insondables e interminables. Dije alegre, alegre,  alegre.  Parafraseando al Poeta, vean y reflexionen sobre lo que escribió:

¿De dónde vengo?
Para saber de dónde vengo,
Tienes que buscar el más horrible y áspero de los senderos
Y allí las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura.
Y los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas,
Ellos te dirán el camino que conduce a mi cuna.
 
¿A dónde voy?
Para saber a dónde voy
Tienes que cruzar el más sombrío y triste de los páramos,
Valle de eternas nieves y de eternas melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria sin inscripción alguna,
Donde habite el olvido, allí estará mi tumba.