Estoy convencido de que la oración magnifica su poder cuando expresamos nuestra plegaria en tono afirmativo y en tiempo presente.   Una de mis oraciones favoritas es el Salmo 23.  Pronto en mi vida me percaté que debilitaba su efectividad el que estuviera expresado en tiempo futuro por lo cual, a pesar de su hermosura poética, su efecto sobre la mente no se materializaba porque esencialmente era una esperanza.

Así que decidí elaborar mi propia versión. Le hice unos cambios finales pero la idea es la misma. Colocar toda la acción en presente, que es como se debe orar. No es lo mismo decir “Nada me falta” que “Nada me faltará”. Una es la realidad y la otra sólo esperanza. Creo que el efecto de afirmar lo presente condiciona el futuro, toda vez que los pensamientos son “cosas”. Somos lo que pensamos, y más aún, se hace realidad lo que pensamos.  Puesto que innegablemente somo seres espirituales, lo que pensamos es una fuerza que actúa sobre el mundo material.

Esta es mi adaptación del Salmo 23

 Salmo 23

El Señor es mi Pastor, nada me falta.

En verdes campos me hace descansar.

Por aguas tranquilas conduce y vivifica mi alma.

Me guía por el camino del bien,

haciendo honor a su nombre.

Aunque pase por un valle oscuro,

no temo ningún mal,

porque sé que estás conmigo

y al ver tu vara y tu bastón, no tengo miedo.

Me preparas la mesa frente a mis adversarios; perfumas mi cabeza con aceites y mantienes llena mi copa.

Ciertamente tu Paz y tu Amor me acompañan todos los días de mi vida

y hasta aquel en que pase a morar en tu casa por tiempo infinito.