¿Cómo olvidar las parrandas navideñas de aquellos días?sopón

Teníamos los mejores músicos de la época: Al trombón, un niño prodigio, que pedíamos prestado a sus padres, ya que era menor de edad. Hoy es el mejor en su clase.  La trompeta, otro compueblano quien escogió otra profesión, aunque tocaba muy bien la trompeta. En la percusión, otro menor de edad quien no dejó de rumbear hasta su muerte. Y de cantantes, ni hablar, porque eran muchos y muy buenos.

Me imagino el susto de los vecinos cuando veían de 15 a 20 vehículos estacionarse a lo largo de la calle de sus residencias:

─ ¿Qué parrandón? ¿Para dónde irán?

Pero cuando comenzaba la música todos se deleitaban por igual.

Éramos traviesos y ni las parrandas se salvaban de las travesuras.

Teníamos por costumbre terminar cada parranda con un sopón de gallina del país y en esa ocasión como en todas, llevamos la gallina.

“Cogieron una gallina, le cortaron el pescuezo, le partieron to’ los huesos, le cortaron la pollina…”* cantábamos mientras esperábamos el sopón y parrandeábamos en el hogar de un hombre muy conocido por su trabajo de líder en el pueblo, esa noche.

Como teníamos el espíritu navideño, compartimos el sopón con los vecinos.

Al día siguiente, los vecinos buscaron y buscaron la gallina que criaban con esmero para su cena, mas no la encontraron.

Los nombres han sido omitidos por si acaso es usted el vecino…

© María del Carmen Guzmán


* Parranda del sopón- Juan A. Nogueras