por José Manuel Solá
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Cuando hablaba mi padre
creaba sueños, descubría mundos,
pintaba atardeceres,
países que sus manos alcanzaban
y abría libros viejos de amores subversivos,
y aquella sed de amanecer que lo incendiaba.
A su lado recorro la memoria de las Islas del Sur,
de un náufrago en la luna, de una piedra de agua,
de una noche y mil noches,
una canción oculta en una lámpara
y la geografía de tanto y tanto sueño
más allá de la estrella más lejana…
Cuando hablaba mi padre
liberaba jeroglíficos de fuego
por todos los caminos
y ambos levitábamos sobre todas las casas
de pueblos que acaso ni existieron,
de desiertos que sólo comprendía mi mirada de niño.
Eran los tiempos de las buenas noches,
de café con canela,
de crear mundos nuevos con gente que trabaja
de luna a luna por el pan
y por la libertad del hombre y su esperanza,
de aprender la pasión de los poetas,
de echar alas
sobre montes y ríos y distancias…
¡Y aquellos libros de la fantasía, aquellos viejos libros…!

(c) josé manuel solá   /   29 de enero de 2014

libros viejos