Siempre aspiré a las Catedrales,
como meta sublime y nobiliaria.
Siendo acristalado panel de vidrio,
siempre soñé con ser la cuna de aquel niño,
o el aura de la mujer que le dio vida.
Pero el destino quiso…
que adornara esta ventana,
de una casa de albañil improvisado,
con una dama dulce, que prepara pasteles,
y dos niños traviesos
que juegan en el patio a las canicas.
Nunca vendrán los peregrinos
a ensalzar mis colores y a loar mis formatos.
Pero cuando descienda la noche,
derramaré la luna con mil tonos beatíficos
sobre los ojos de los santos,
éstos… ¡de carne y hueso!
¡Qué me importan a mí las Catedrales!

 

Imperdible f Eva Lewitus

 

©Gloria Gayoso Rodríguez

Foto: Eva Lewitus