por Rolando Emmanuelli Jiménez, JD. LL.M

Editora: Naomi Jusino Girón, J.D.

El problema del colonizado es de tal gravedad que se afecta la psiquis individual y colectiva.

Albert Memmi en El Retrato del Colonizado nos dice: “El rechazo de sí y la estima por el otro son rasgos comunes a todo candidato a la asimilación. Y los dos componentes de este intento de liberación están fuertemente ligados: el amor por el colonizador está cimentado sobre un complejo de sentimientos que van desde la vergüenza hasta el odio hacia sí… Para liberarse, al menos así lo cree, admite su propia destrucción.”

Este es el ser o no ser que nos mantiene en parálisis esquizofrénica sumidos en profunda crisis social, política y económica. Mientras el problema del status nos divide y destruye, para gran conveniencia del poder norteamericano, no podemos discutir sosegadamente los asuntos de política pública que nos lleven por la vía del desarrollo sustentable y sostenido hacia la calidad de vida.

Después de la Constitución de 1952, se creó un falso paradigma de que la Ley 600 había corregido el problema colonial de Puerto Rico. Más de 60 años después ese paradigma se ha derrumbado y todos los sectores entienden en mayor o en menos grado, que Puerto Rico tiene un problema colonial.

Sin embargo, a estas alturas prevalece otro falso paradigma. Grandes sectores de los tres partidos políticos de Puerto Rico piensan que el problema colonial de Puerto Rico lo va a resolver el Congreso voluntariamente. Por eso acuden a vistas sobre el status de Puerto Rico y cabildean a favor y en contra de las diferentes propuestas que se presentan en el Congreso. Sin embargo, no llevan a cabo las acciones dentro de la sociedad necesarias para promover un verdadero cambio en la situación colonial.

La vieja creencia de que el Congreso resolverá sin más el centenario problema debe cambiar. Mientras el pueblo de Puerto Rico no se organice para iniciar el proceso de cambio de la relación colonial y acuda con una sola voz al Congreso, Estados Unidos no tomará acción sobre nuestro problema.

Existe el mecanismo jurídico para llevar a cabo ese cambio paradigmático de reclamar como una sola voz la solución del problema colonial. Ese mecanismo es la Asamblea Constitucional de Status.

La Asamblea Constitucional de Status es un mecanismo mediante el cual se convoca a elecciones para escoger a representantes del pueblo que se postulan a la luz de sus diferentes visiones sobre cómo debe resolverse el problema colonial de Puerto Rico. Estas visiones deben estar claras en el sentido de que cualquier solución de la situación colonial tiene que ser fuera de la cláusula territorial de la constitución federal que establece que el Congreso es dueño y señor de los destinos de la Isla. Por ende, no puede abogarse por soluciones que son de naturaleza colonial.

La Asamblea sesionaría el tiempo que fuera necesario para que se puedan aclarar los mitos y realidades de cada posible solución y que se pueda llegar a un consenso sobre qué es lo que se va a reclamar a Estados Unidos.   El reclamo puede ser sustantivo o procesal.

Por sustantivo, debe entenderse a que el reclamo puede incluir una solución específica a la situación colonial. En cuanto al reclamo procesal, se refiere a que la propuesta puede ser un mecanismo específico para solucionar el status que conduciría de manera justa a cualquiera de las soluciones viables.

La Asamblea Constitucional de Status debe estar compuesta por personas de conocimiento y experiencia en asuntos sociales, jurídicos, económicos y debe elegirse mediante verdadera representatividad donde exista espacio para los pensamientos mayoritarios y minoritarios. Solo cuando el pueblo se una a reclamar la terminación de la relación colonial el Congreso escuchará nuestros reclamos. El ejemplo evidente es la lucha de Vieques. Ese tipo de lucha es la que podría conducir a la solución del problema colonial.

 

© Rolando Emmanuelli Jiménez. El autor es abogado notario, Presidente del Bufete Emmanuelli, C.S.P. Para mayor información vea:http://www.bufete-emmanuelli.com