a Emilce Strucchi

 

Andar, andar ligero, seguir…
leer o no un diagnóstico, no altera sus colores:

el silencio blanquea la vida, la muerte
y me visto de negro limpio y prolijo
mientras Van Gogh revoluciona las siluetas
como yo mi destino.

Pregunto al manual de autoayuda:
si habrá distintas categorías de suicidas,
si esta avalancha de recuerdos ahuyenta el destino,
si tan sólo puedo evitar sentir hambre o la angustia de engordar,
tal vez encuentre el póker de ases que temo abrir.

Llevo un pesado cargamento de piel:
de memorias rescatadas, otras perdidas,
de ternuras necesarias,
de pérdidas, dolores;
para construirme y reconstruirme
parada tras parada asomada desde un vagón.

Podría bajarme, rendirme, dejar de andar,
pero huyo de la insignificante libertad del miedo
y respiro la libertad de las decisiones,
sobrevivir de cuerpo y alma.
Ana María Fuster Lavin

San Juan, 2007