Escuchando esa canción y observando el vídeo, no puedo evitar preguntarme: ¿qué sucedió en Belén?, ¿cómo se sintieron los que estuvieron allí? Sabemos que no necesariamente fue en diciembre, no obstante, la cristiandad escogió estas  fechas para conmemorar ese histórico nacimiento. Así lo celebra medio mundo.

Debe haber hecho frío. El pesebre, o cueva, debe haber sido el lugar más pobre del mundo en que criatura alguna haya nacido, un lugar pajoso, maloliente, con escasa luz. Pero allí decidió nacer el Hijo de Dios, el Rey de Reyes. Entre animales humildes, un buey, un burrito y probablemente aperos de labranza. Ese fue su palacio en la tierra y por algo sería.

No estuve allí, naturalmente, pero puedo imaginar la escena. Pastores ateridos de frío, precariamente cubiertos con sus raídas mantas, al escuchar los primeros vagidos del  recién nacido, debieron acudir para ver lo que estaba sucediendo. Deben haberse detenido a la entrada del pesebre sobrecogidos por la escena y guiados por la luz de un astro nunca antes visto; llegaban por veredas, bajaban de los cerros cercanos sin decir una palabra. Presumo que lo único que se escuchaba era el canto de los grillos y la respiración reverente de todos. Adentro, el carpintero y su esposa contemplaban al niño con ternura llena de santidad. Y sólo habrán vuelto la mirada cuando advirtieron tres personajes que se acercaban a lomos de camellos.

¿Fue todo lo que allí pasó? Realmente… ¿sabrán los seres humanos qué sucedió esa noche?

Señor… permite hoy que mi corazón se haga humilde como aquel pesebre para que tu Hijo renazca en mí. Amén.

(José Manuel Solá)