De  tanto en tanto la luna

se viene a la ciudad

a jugar a las canicas con las sombras

y uno se adormila con su luz prestada,

y  pregunta el nombre de los por qué,

y se hunde en el mar de la noche

como barca al garete.

Uno baila con sus incógnitas,

 y desovilla estrellas sobre el empedrado

buscando razones descabelladas.

A veces el alma reclama respuestas

a cualquier duende que pasa indiferente;

a veces los cielos se vuelven cieno,

cierran su boca redonda

y uno plañe al compás de sus propios latidos.

Uno, como en un tango, intenta un compás rítmico;

pero de pronto el bandoneón del viento

desmembra el cuerpo de la música

y ya no hay melodía

sólo un alarido.

 

Gloria Gayoso Rodriguez©Gloria Gayoso