Juan C. Ramos

34 años atrás, salimos de Puerto Rico con nuestros tres niños y boletos de ida solamente. Estimábamos entonces que las cosas en Puerto Rico (en varios frentes) se “estaban poniendo malas”. Fue una decisión Quijotesca ya que no teníamos ofertas de trabajo, ni vivienda y solo conocíamos dos amigos que habían salido de la isla uno o dos años antes. De Puerto Rico a un hotel en Houston. ¿Y por qué Houston? Solo por que una queridísima amiga, ya fallecida nos indicó que “su hijo residía en Houston y le iba muy bien ya que Houston era un “boom town”.

No pretenderé resumir 34 años en este escrito. ¡Tomaría volúmenes el hacerlo! Concluyo diciendo que la “jugadita” nos salió bien, aunque los dos o tres primeros años fueron fuertes y cuesta arriba, bien arriba. Tuvimos que hacer acopio de fuerzas físicas y espirituales. Hoy nuestros hijos, aquellos niños que al principio de vez en cuando nos decían con cierto grado de frustración: “es que no entiendo lo que me están diciendo”, tienen sus propias familias, sus profesiones y hasta ya tenemos nietos.

En retrospectiva lo único que a veces echamos de menos es el calor y la amistad de algunos buenos amigos que todavía residen en la isla y que por alguna razón a veces nos sentimos que nos han excluido del sitial que creíamos teníamos en su corazón. No sabemos si la distancia ha tenido que ver algo, o la falta de comunicación diaria, o sus propios problemas o situaciones, en fin, ¿quién sabe?

Mientras tanto el grupo de “expatriados” en “exilio voluntario” aquí en Houston, nos reunimos de vez en cuando a cantar, declamar, o tocar algún instrumento, engullir nuestros típicos platos y disfrutamos de la compañía mutua. Seguimos recordando la isla con el mismo cariño, con el mismo amor; y sus montes, valles o colinas o cualquiera otro de los símbolos que la identifican, decoran nuestras salas u otros lugares de prominencia en nuestros hogares.

Inevitablemente y durante nuestras reuniones, tertulias o bohemias en un momento dado se cruzan nuestras miradas y nuestros pensamientos hablan los unos con los otros:

“¿Por qué tuvo que ser así?”

Juan Carlos