Llorona 2 (3)

En enero de este año, con motivo de una afección pulmonar mi hijo, que ejerce la medicina en la zona de Arecibo, me recluyó en uno de los hospitales de dicha ciudad.

Sucedió que, estando allí asilado, una noche escuche una lloradera y unos quejamientos que al parecer venían desde la estación de las enfermeras.

Los quejidos y lloriqueos no paraban. Los lamentos no me dejaban conciliar el sueño.

Vencido por el cansancio me quedé dormido, hasta que de madrugada la enfermera de turno me despertó para sacarme una muestra de sangre.

Entonces le pregunté por el lloriqueo y los quejidos que por horas escuché esa noche.., y con pasmosa tranquilidad me contestó:

─ No se preocupe que usted no es el primero que escucha a La Llorona. Murió llorando y quejándose en la cama que usted ocupa. Las cámaras la han retratado en varias ocasiones caminando por los pasillos.

Me quedé petrificado. Sin poder hablar, salí lentamente de la cama y me senté en la silla del cuarto, hasta que llegó mi hijo y le conté…

Con una ahogada carcajada gutural, me dijo: «No te apures, te estoy dando de alta ahora mismo»

© por Dante A. Rodríguez Sosa