Cuando tú lo decidas, cuando así lo decretes.
Aquí estoy de rodillas, como cuando de niño
bajaba la mirada, como cuando en los brazos
hacía acopio de lunas y de espacios
de rumbos siderales y oraciones.
Aquí estoy.
Llévame hasta la casa que abandoné
en medio de las luchas y faenas humanas,
en medio de cansancios y derrotas,
de tantas soledades y caídas.
De nada culpo a nadie.
Tómame de la mano;
mi corazón abierto te dirá de mi vida,
de todas las leyendas de mi historia,
del amor, de mis nombres y de todos
los tiempos que he vivido:
de las noches del hambre, de vino, de poemas,
de besos, despedidas,
de cantar en las calles, faroles en la lluvia
y recuerdos… recuerdos…
Y tal vez
no sabré qué decirte, pero tú me conoces
y bien sabes: mis manos están limpias…
Sólo dime la hora; ven, mírate en mi mirada y….
pídeme que te siga.

(c) José Manuel  /  12.12.2015