Iba con el perro, por un sendero del parque poco antes del amanecer, cuando un venado pasó a las millas del diablo.

Miré hacia al lugar de donde salió el animal y a la orilla de un riachuelo vi un bulto indistinguible. Mandé a investigar a Lobo y cuando hocicó el bulto, de súbito emergió un fantástico cisne plateado que luego se perdió en la niebla.

De regreso a casa el perro se refugió en la falda de la negra. Ella inquirió: «que diantres le pasa al perro que parece que ha visto un espíritu burlón».

«Para su propio infortunio, un venado le brincó encima», le contesté…y me fui a trabajar.

En la tarde me dio la noticia que un señor encontró a una muerta en el parque y que arrestaron al sospechoso.

«¡Dianche! Imagino el susto de madre al ver el rostro cadavérico», dije yo.

«¿La encontraron dentro de en un saco?», pregunté.

Sin esperar contestación, de manera vaga pero intensa, supuse que si menciono a las autoridades la metamorfosis del cadáver, o peor, si le digo a la negra que no es creyente, se pudiera dar el caso que todos ellos conspiren para internarme en el palacio de los lunáticos.

©Roberto López

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