Cierto: aún no había nacido y sin embargo estuve.

En la mirada larga de mi padre, en toda su esperanza,

en su sudor de luces,

en su mano,

en su tierra prometida como un amanecer;

en el cabello hervido de mi madre,

en su cantar pequeño, suave, musitado en las tardes

y el susurro al oído que el viejo le decía

bajo el cobijo celeste anochecido de la vida de entonces…

Lo sé ahora, estuve allí, en el verso de las horas,

en el pomarrosal, en la semilla

y el fruto del mañana sembrado por sus manos de ternura y caricias.

Vine de las estrellas, pienso ahora

y mi madre hizo acopio de lágrimas y besos en mis manos,

me arropó con la luna y con el corazón a veces asustado….

Ahora los recuerdo con la memoria en sepia

y sé que estuve allí,

en el sueño de un sueño,

en la tibieza dócil de sus brazos…

(c) José Manuel Solá  /  14 de septiembre de 2016