Cuando se autorizo la fundación del pueblo de Salinas en 1840 uno de los requisitos primoldiales era la construcción del templo de la población. Se sabe que desde fines del siglo 16, capellanes rurales atendian esporádicamente algunos embriones poblacionales disperso por el país, entre los cuales se menciona el Abeyno; es decir Salinas (Memoria de Melgarejo. 1582). Dichos embriones poblacionales desaparecieron o no se desarrollaron hasta mucho después por los asedios que la resistencia indígena ejercia sobre ellos. Cien años después, en 1690 en el Boletín Histórico de Puerto Rico, tomo 8, se dice que Guayama, Cayey y Salinas tenían ermitas que eran administradas desde la Villa de San Blas de Illesca. A partir de entoces, durante 164 años los capellanes rurales de la iglesia de San Blas tuvieron a su cargo, con el sostenimiento de hateros, hacendados y estancieros, los servicios eclesiáticos de los habitantes dispersos por el extenso territorio del barrio Las Salinas de Coamo.

No es hasta 1850 que el pueblo de Salinas logró construir un templo de madera y tejamaní e iniciar el proceso para ser declarado parroquia independiente de Coamo. En 1854 se crea finalmente la parroquia de Nuestra Señora de la Monserrate. Desde entonces, durante los pasados 167 años se han celebrado en dicho templo parroquial los cultos de Viernes Santo.

La fotografia que comentamos pertenece a la colección de José A. Santiago Cruz. En ella se capta un instante de la tradicional procesión de Viernes Santo en Salinas. Se trata de una foto cercana al año de 1960. En ella aparece, de manera destacada, la persona de Luis Fermín Font, apodado Caribe.

Con la solemnidad y el respeto que lo caracterizaba, Caribe tenia por devoción cargar imágenes durante las procesiones de Semana Santa. Lo excepcional de la presencia de Caribe en las solemnidades de Semana Santa era que trasformaba sus vestidura como quien se presenta ante el Rey de reyes de manera sublime, como el que sabe que tendrá una gran recompensa. El resto del año Caribe era, entre los obreros de Salinas, el más humilde, el que andaba descalzo y apenas poseía una muda de ropa. Pero a pesar de que lo rodeaba la pobreza material, poseía la mayor de las riqueza: un carácter singular ejemplarizante y el aprecio de sus compueblanos.

por Sergio A. Rodríguez Sosa

Foto suministrada por José A. Santiago, fotógrafo desconocido.

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